Virgen de Copacabana 

Patrona de Bolivia, su festividad se celebra el 5 de agosto.

En la parte que corresponde a Bolivia, la península de Copacabana se adentra en el lago Titicaca acercándose a las islas del Sol y de la Luna, antiguos lugares sagrados de los Incas. En este lugar, a más de cuatro mil metros sobre el nivel del mar, a 139 km. de La Paz, Bolivia y recostado sobre una colina, surge el culto a la "Santísima Virgen de la Candelaria, Nuestra Señora de Copacabana".

En el pequeño pueblo de Copacabana, sus habitantes vivían divididos en dos grupos, los Anansayas y los Urinsayas. A pesar de haber recibido la fe, vivían apegados a sus antiguas supersticiones. Las malas cosechas y otras desventuras los obligaron a pensar en atraerse los favores del cielo y resolvieron los Anansayas erigir una cofradía y ponerla bajo la advocación de la Virgen de la Candelaria. Se opusieron los Urinsayas alegando que ellos tenían pensado dedicarla a San Sebastián, pero al final no se hizo nada.

Un buen hombre llamado Francisco Tito Yupanqui, descendiente del Inca Huayna Capac, no abandonó la idea y concibió el proyecto de labrar una imagen de la Virgen pensando que una vez hecha y trasladada al pueblo sería más fácil establecer la cofradía propuesta. Este escultor aficionado, ayudado por su hermano Felipe, trabajó una imagen de la Virgen en arcilla, de una vara de alto. Por los resultados, esta imagen debió representar la buena voluntad alejada de las gracias naturales de María. Fue colocada a un lado del altar por el Padre Antonio de Almeida, que hacía de párroco o predicador. Al dejar Copacabana don Antonio de Almeida, se hizo cargo de Copacabana el predicador bachiller don Antonio Montoro, quien al ver esa imagen desgarbada, tosca, sin proporciones, mandó sacarla del altar y llevarla con desaire a un rincón de la sacristía.

Humillado Francisco Tito por este contratiempo y aconsejado por los suyos, marchó a Potosí, que a la sazón contaba con destacados maestros en escultura de imágenes sagradas. Llegó a adquirir en el taller del maestro Diego Ortiz, cierto dominio en la escultura y en la preparación de la madera. Con esos conocimientos se resolvió trabajar la imagen definitiva de la Candelaria. Buscó por todas las iglesias de Potosí una imagen de la Virgen que pudiera servirle de modelo. Le indicaron una en Santo Domingo. Se fijó en ella con suma atención para grabarla en su mente y antes de comenzar su trabajo, hizo celebrar una Misa en honor de la Santísima Trinidad, para obtener sobre su obra la bendición divina.

Los Urinsayas admitieron fundar la cofradía, pero no aceptaron la efigie labrada, por lo que Yupanqui empezó a buscar compradores. En La Paz, la imagen llegó a manos del Cura de Copacabana quien decidió llevar la imagen al pueblo. El 2 de febrero de 1583, la imagen de María llegó a los cerros de Guacuyo, lo que hace de este santuario mariano uno de los más antiguos de las Américas. Todo el pueblo salió gozoso a recibirla y con gran alegría la condujeron a la iglesia donde se celebró una misa en su honor.

Desde un principio la imagen cobró fama de ser milagrosa, lo cual se extendió por toda la comarca, el Virreinato y el Continente entero. Los Padres Agustinos construyeron la primera Capilla Mayor entre 1614 y 1618. El Virrey de Lima, Conde de Lemos, apoyó moral y materialmente la construcción de la Basílica desde 1668 y asistió a la inauguración de la misma en 1678.

El templo actual data de 1805 y la imagen fue coronada durante el pontificado de Pío Xl. Con el paso del tiempo los fieles donaron, para adorno de la imagen, gran cantidad de valiosas joyas y el templo se llenó de regalos y tesoros. Cuando se independiza Bolivia en 1825 existía una ascendente y permanente presencia de la Virgen de Copacabana en la fe de ese pueblo. Sin embargo, en 1826 el Presidente de Bolivia, Mariscal Antonio José de Sucre, expropió todas las joyas coloniales del tesoro del Santuario de la Virgen para fundirlas en las primeras monedas de oro y plata de Bolivia.

El 1º de Agosto de 1925, año del primer Centenario de Bolivia, la Virgen de Copacabana es coronada como Reina de esa nación. El 7 de Noviembre de 1940, el Templo Mariano de Copacabana, fue declarado Basílica Menor.

El cuerpo de la imagen está totalmente laminado en oro fino y en sus ropajes se reproducen los colores y las vestiduras propias de una princesa inca. Su forma original está permanentemente cubierta por lujosos mantos y trajes superpuestos a la talla, luciendo además una larga peluca de pelo natural. La imagen, que mide un poco más de cuatro pies, sostiene al Niño de manera muy peculiar, como si éste estuviera a punto de caerse. En su mano derecha sostiene un canastillo y un bastón de mando, regalo y recuerdo de la visita que en 1669 le hizo el virrey del Perú.

La imagen original nunca sale de su santuario y para las procesiones se utiliza una copia de la misma. Es típico del santuario, que los que lo visitan salgan de él caminando hacia atrás, con la intención de no darle la espalda a su querida patrona cuya fiesta original se celebraba el 2 de febrero, día de la Purificación de María, y luego se ha trasladado al 5 de agosto, con liturgia propia y gran celebración popular.